ANSIEDAD
TODA AYUDA CUENTA
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta innata que nos alerta de algún riesgo o amenaza para nuestra supervivencia. En esta circunstancia segregamos una serie de sustancias en nuestro cuerpo que nos hacen más eficaces para sobrevivir a ese peligro. Esta reacción natural afecta a tes esferas: emocional, cognitiva y conductual, pero, en ocasiones, estas reacciones nos interfieren.
Algunos de los síntomas cognitivos de la ansiedad son: Preocupación, dificultad en la toma de decisiones, problemas de concentración, olvidos, sensación de desorganización, rigidez o pensamientos intrusivos.
Respecto a reacciones corporales o físicas: palpitaciones, temblores, sudor, fatiga muscular, sequedad de boca, problemas digestivos o tensión corporal.
En cuanto a cambios en la conducta o el comportamiento, tenemos: evitación de situación problemática, velocidad al halar o tartamudeo, tics motores, abuso de sustancias o torpeza motora.
Causas de la ansiedad
Las causas de la ansiedad son múltiples, teniendo en cuenta que cada persona puede presentar algún tipo de vulnerabilidad biológica, sumado a determinadas experiencias y aprendizajes y/o ambientes hostiles. Pueden darse factores que la disparen o predispongan, como por ejemplo, traumas, represión emocional, evitación de situaciones que la generan o abuso de sustancias.
¿Qué podemos hacer cuando nos encontramos con sintomatología ansioso-depresiva?
– Relaciónate. Mantén el contacto con tus familiares, amigos y allegados, aunque no tengas ganas. No es bueno aislarse.
– No tomes decisiones importantes sobre tu vida. Ya que estas pueden verse condicionadas por la interpretación del mundo que favorece tu estado de ánimo actual. Aquellas que sean irreversibles déjalas en pausa.
– No te eches la culpa sobre tu depresión/ansiedad. Nadie elige atravesar un episodio de ansiedad o estrés, aunque nuestra forma de actuar pueda tener algún peso en cómo se mantiene a lo largo del tiempo.
– Haz algo de actividad física: no son necesarios grandes esfuerzos, sino que basta con poner activo el cuerpo, lo que se acompañará de energía psíquica que te hará sentir mejor. Intenta mantener la mente en la actividad que realices
– Mantén una alimentación saludable e higiene del sueño adecuada. Intenta mantener un horario regular y una dieta variada.
– Céntrate en metas pequeñas. En estos momentos tienes menos energía de la habitual por lo que tienes que ser especialmente paciente y realista con lo que planteas.
– Aumenta el nivel de actividades gratificantes y valiosas. Estas actividades serán las que te permitirán engancharte a la vida y las que te recargarán las pilas dándote la energía para continuar hacia delante con tus propósitos y tu vida.
– Incorpora también actividades planificadas: las tareas con un horario fijo nos ayudan a mantener una rutina, lo cual favorece la disminución de los pensamientos recurrentes (rumiaciones). Recuerda que, si no le das entretenimiento a tu mente, ella se lo buscará.
– Desahógate: con amigos, con los profesionales.
– Si tenemos prescrita medicación, tómala todos los días y en la dosis que nos recomiende el psiquiatra/ médico. Cuando nos sintamos mejor no es conveniente dejar la medicación hasta que los profesionales nos lo indiquen. Puede existir un efecto rebote.
– Cuida la forma en que te hablas. Los mensajes que nos mandamos a nosotros mismos son muy importantes. Cada día recompénsate por cualquier pequeño avance
– Ante una crisis que suponga una emergencia consulta a los servicios sanitarios disponibles en ese momento (ambulatorio, 112, perpetuo socorro).
– Ten paciencia. No te des por vencida/o por no sentirse bien enseguida. Date tiempo, se trata de un proceso y cada persona necesita un ritmo distinto. Lo importante es ir avanzando
– Obtén toda la información posible sobre la depresión/ ansiedad. Podemos acudir a un profesional que nos ayude para ello.
¿Y cómo ayudar a algún familiar o amigo cercano con ansiedad o depresión?
Tenemos que tener claro hasta dónde podemos llegar y que por mucha voluntad de acompañar al otro que tengamos, debe ser este quien decida aceptar la ayuda. Por el camino es importante que nos cuidemos, porque agotados no podemos servir de ayuda. Acoger a aquellos que queremos sí, pero no a cualquier coste.
– La depresión / ansiedad no debe convertirse en el centro de vuestra relación La persona es mucho más que su depresión o su ansiedad y por tanto vuestra relación tiene más cosas sobre las que centrarnos, a pesar de que en ocasiones el peso que están circunstancias ejercen son notables sobre mucho de los aspectos de la vida cotidiana. Que la depresión no mediatice cualquier momento y que no acabe tomando el control de las actividades que se realizan.
– Es importante tener paciencia, los cambios o las mejorías no van a aparecer de un día para otro, es posible que cuando empiecen a hacerse notar sean más sobresalientes que en otros momentos del tiempo posteriores, pero es importante que pongamos en valor cada avance por pequeño que este sea, y que entendamos que se trata de procesos que no son lineales, que tiene subidas, bajadas y momentos de parada
· Algunas estrategias más concretas…
– Escucha activa: interesarnos por cómo se siente, qué necesita. Conocer sus miedos y sus resistencias a un posible tratamiento
– Conocer qué es la depresión, cómo se trata y los recursos que existen para ello. Infórmate para poderle ofrecer alternativas.
– Pon límites. A pesar de que quieras acompañarle y apoyarle, recuerda que no todo vale. Establece los límites que consideres oportunos para cuidarte. No te sientas culpable por ello. Hazlo con tacto y sin amenazas.
– Utiliza el sentido del humor. Sonríe, e intenta de que sean tus emociones las que puedan contagiársele a él o ella, en lugar de, al contrario.
– No le obligues a realizar actividades que no desea ni puede hacer. Sí puedes animarle a ello y felicitarle por cada pequeño paso.
– Puede ser útil aumentar el tiempo dedicado a la persona, si es posible realizando actividades placenteras.
– Intenta, en la medida de lo posible, proporcionarle un ambiente confortable y de apoyo, evitando, en la medida de lo posible, conflictos. Mostrar cariño y disponibilidad.
– Evita criticarle o culparle por su comportamiento. No uses argumentos repetitivos (si quisieras te mejorarías). Hacer algo distinto para encontrar una respuesta distinta.
– Es básico comportarnos con la persona deprimida de forma natural. Evitar el paternalismo, la persona es mucho más que su depresión. Es importante tener en cuenta que cada persona puede tener un ritmo diferente en la evolución de su proceso.
– No sirve de nada que una persona acuda a terapia de manera obligada, ya que podemos reforzar algunas de sus creencias sobre la incontrolabilidad de la depresión, sí podemos sugerir una visita sin compromiso.